Una nueva era para los salones de relojes y un mundo digital

Según algunos, estamos en medio de una nueva revolución industrial.

 

Por Sompol Mingkhuan

La revolución resulta obvia cuando gente de todo el mundo comienza a utilizar algo «impalpable», a usar dispositivos informáticos y de alta tecnología y a almacenar y transferir una incalculable cantidad de datos a través de la nube virtual. Virtualmente, todo es posible en el mundo cibernético.

En 2015, cuando una buena parte de la sociedad parecía estar entusiasmada con el «Smart Watch», otros se preocuparon al creer que tal vez podría, una vez más, destronar a los relojes mecánicos, tal y como sucedió durante la «fiebre del cuarzo» de hace algunas décadas. Sin embargo, al igual que sucede con muchos otros aparatos de telecomunicaciones que van y vienen, nadie ha vuelto a mencionar el «Smart Watch» en el BASELWORLD 2016.

Este año, debido a la recesión económica mundial, los fabricantes de relojes han debido modificar sus estrategias de marketing; por ejemplo, con reducciones de precios en los nuevos modelos y lanzamientos de nuevas colecciones como «nuevas colecciones de entrada». Si bien estos cambios podrían verse como modos de sobrevivir a las duras condiciones económicas, los nuevos precios no reflejan sino los precios «reales» de los relojes, tras años y años de aumentos injustificados de precios. Desde que se puede encontrar cualquier cosa de forma virtual en Internet, el coste real de la fabricación de relojes ha dejado de ser ese gran secreto insondable.

El gran avance de la tecnología web no solo nos permite comparar el precio de los relojes en diferentes partes del mundo, sino que también facilita el que algunos puedan acceder a cierta información y tecnología sensibles empleadas para la fabricación de un reloj, y que incluso las compartan a través de Internet. Además, con ayuda de los ordenadores, el complicado mecanismo de un reloj podría fabricarse de un modo mucho más sencillo que antes. Por esta razón, el procedimiento tradicional de fabricación parece estar abocado a quedar obsoleto. No solo la industria del reloj se enfrenta a este cambio, sino que todo tipo de industrias están experimentando lo mismo.

Probablemente esta nueva revolución industrial no ha desembarcado con redoble de tambores como las anteriores, pero los efectos seguirán teniendo relativamente la misma magnitud para todos.