La relojería suiza debe permanecer… suiza.

La alta relojería suiza no es una industria, es una arte. Conforma un legado histórico y vivo, transmitido a lo largo de los siglos por genios artesanos que nos han encomendado el arte de la relojería suiza, con su provechoso savoir-faire y su constante innovación, para mantener el listón alto y transmitírselo a las generaciones venideras.

Por Vasken Chokarian

En los albores de la relojería, nunca ha existido un determinado «departamento» en las manufacturas que dictara la influencia y las pautas del desarrollo e innovación de los nuevos productos. En teoría, las casas se dejaban llevar por la demanda de su clientela potencial o por la pasión de sus relojeros y artesanos, quienes, provistos de la libertad para expresar su talento, se labraron un lugar destacado en la extensa lista de mejoras que la humanidad disfruta y utiliza constantemente, incluso en nuestros tiempos.


La única presión a la que tuvieron que enfrentarse maestros como Giovanni de Dondi, Jean Toutin, Christian Huygens, Thomas Mudge y Jean-Antoine Lépine, por nombrar unos pocos, fue asegurar que sus talentos y sueños pudieran cumplirse. Por entonces, no existía ningún imperativo en clave de «marketing» que encarrilara sus planes. Es más, la relojería que conocemos hoy en día existe gracias a la ausencia de restricciones en sus ideas, lo cual ha posibilitado la creación de relojes astronómicos, espirales, tourbillons y muchas innovaciones más. Lo fundamental, no obstante, está claro: los resultados financieros, por muy esenciales que sean, no deben alentar los deseos de eliminar o remplazar, en el mejor de los casos, el importantísimo trabajo que todavía se espera de los hábiles relojeros de hoy en día.


Todos los sectores tienen sus altibajos y siempre va a haber estadísticas que pongan en contraste el rendimiento a lo largo de los años. Sin embargo, cuando se convierten en las cifras clave en las que basar la planificación a largo plazo, estas estadísticas pueden resultar un tanto engañosas, si bien fundamentales, especialmente cuando los mercados están en alza y todo el mundo quiere sacar tajada de ello.


En últimos siete u ocho años han aparecido muchas teorías y cambios estratégicos en distintos mercados a escala mundial. Creo, no obstante, que ninguno ha aportado necesariamente nada al progreso de la industria. En cualquier sector, las partes se benefician de la experiencia de su propio campo, y es al combinar los esfuerzos de todas las partes implicadas cuando las expectativas finales alcanzan sus objetivos finales y sus aportes se ven recompensados. Tenemos que apoyar la presencia positiva y prolongada, y promover la permanencia de estas colaboraciones, cuyos logros han sido palpables a lo largo de la historia. Colaborar de una forma sana y honesta con socios, que a su vez son maestros de sus propios entornos mercantiles, no solo resulta fundamental, también es una inversión que estimula la investigación y el desarrollo.


La alta relojería suiza no es una industria, es una arte. Conforma un legado histórico y vivo, transmitido a lo largo de los siglos por genios artesanos que nos han encomendado el arte de la relojería suiza, con su provechoso savoir-faire y su constante innovación, para mantener el listón alto y transmitírselo a las generaciones venideras. Sea cual sea el motivo, la relojería suiza debe permanecer suiza.


Me gustaría terminar con una pequeña nota dirigida a todos los participantes de la alta relojería suiza: «Una gran destreza conlleva una gran responsabilidad. El arte, el talento y la educación respiran a través de la libertad de expresión, que, en sí misma, da origen a un pensamiento responsable que impulsa la realización de la imaginación creativa».