El artesanado deja de estar relegado a las esferas

A lo largo de la última década, la industria relojera ha experimentado una increíble ampliación del concepto de la presentación de las esferas como obras de arte. Como si de un lienzo se tratara, este espacio —de menos de 5 cm de diámetro— se ha convertido en el lugar en el que los artistas artesanos reinterpretan unas técnicas y unos temas atemporales.

Por Roberta Naas

Hemos sido testigos no solo del renacimiento del esmalte y la pintura a mano de escenas, flora y fauna, sino también del rejuvenecimiento de artes antiguas como la escultura, la orfebrería, la marquetería de paja y los mosaicos. Si estos relojes se hubieran creado durante el Renacimiento, muchas de sus esferas colgarían de las paredes del Louvre.

Con mucha vigilancia, las mejores marcas de relojes (y los artesanos con los que trabajan) rivalizan por realizar los soportes más creativos, en un esfuerzo continuo por aplicar métodos nunca antes empleados en las esferas de los relojes. Y lo han conseguido con unos resultados tan extraordinarios que resulta evidente que esta aventura aún no ha tocado a su fin.

Curiosamente, al mismo tiempo hemos sido testigos de un increíble crecimiento en el ámbito de la presentación de las cajas y los movimientos como arte por derecho propio. A medida que aparecen relojes en formato tridimensional, con cajas que parecen objetos más que relojes y con movimientos esqueleto, enormemente calados, estratificados y organizados, estamos presenciando el renacimiento del artesanado «interior».

Es cierto que esta interpretación artística de la caja y del movimiento pude fácilmente llamarse alta relojería en su máxima expresión, pero se trata de una mezcla de tecnología e innovación que produce auténticas obras maestras. Gracias a la nanotecnología y al tallado preciso de piezas minúsculas, y con equipos completos de científicos, ingenieros y relojeros trabajando juntos, parece que el único límite al que nos enfrentamos es la imaginación misma.

Por todo ello, creo que puedo afirmar que el mundo de la relojería mecánica, de casi 500 años de edad, está destinado a alcanzar niveles horológicos y artísticos sin precedentes. Porque, por lo que llevo visto en relojería durante más de 30 años, la imaginación, el espíritu pionero y el pensamiento visionario de esta industria no tienen límites.