HERMES

La Montre Hermès El tiempo en movimiento

Hace ya más de cien años que Hermès y los relojeros empezaron a trabajar juntos. Las fórmulas de colaboración a lo largo de todo ese tiempo han sido variadas, pero siempre han resultado ingeniosas, elegantes y únicas. El año 1912 supuso el pistoletazo de salida de esta dilatada historia. Aquel año se tomó una foto que hoy se conserva en los archivos de la casa; en la imagen aparecen cuatro niñas, las cuatro hijas de Émile Hermès. Una de ellas, Jacqueline, luce en la muñeca un reloj que en realidad era de bolsillo, pero para el que su padre había encargado una correa de cuero que confeccionaron los artesanos guarnicioneros y marroquineros de la casa. En 1928, la tienda histórica, situada en el número 24 de la calle del Faubourg Saint-Honoré, en París, presentó los primeros guardatiempos con el sello de Hermès. Iban equipados con mecanismos procedentes de las manufacturas suizas de mayor prestigio.

50 años después, en 1978, la casa instaló su filial relojera, La Montre Hermès, en Bienne (Brügg), una localidad situada en la región donde late el corazón de la relojería suiza. Desde entonces desarrolla sus colecciones integrando constantemente en ellas maestría e innovación. EN 2003, desde la presentación del reloj Dressage, equipado con un calibre de manufactura Vaucher, La Montre Hermès pone todo su empeño en diseñar y producir sus propios movimientos. En 2006 inauguró un taller dedicado en exclusiva a la fabricación de correas de cuero, con lo que pasó a ser el único relojero que confecciona sus propias correas. La búsqueda de la excelencia es una constante en la casa Hermès y ello se hace aún más patente en la relojería, ámbito en que desde hace un siglo se rodea de los mejores artesanos. Esas relacionas han dado lugar a vínculos privilegiados que, en los últimos años, se han estrechado aún más. Con el fin de garantizar el abastecimiento de componentes esenciales, La Montre Hermès ha establecido una asociación f inanciera con dos empresas especializadas, Vaucher Manufacture en Fleurier (movimientos) y Joseph Erard SA en Noirmont (cajas), a través de la adquisición de una parte significativa de su capital en acciones. Por otro lado, ha comprado la empresa Natéber, de la Chaux-de-Fonds (esferas).

La empresa está desde 2003 en Fleurier, en el cantón de Neuchâtel, con la denominación de Vaucher Manufacture. Es la heredera de una larga historia relojera que empezó en el siglo XVIII. Desde 2009 cuenta con una infraestructuraindustrial completamente nueva. El edificio que la acoge, de 6 700 m2, es moderno y funcional. De sus instalaciones salen cada año unos dieciocho mil calibres mecánicos que se reparten entre cinco grandes familias: automáticos, de cuerda manual, extraplanos, con gran reserva de marcha y con complicaciones como cronógrafo, calendarios perpetuos o fases lunares, por citar unos ejemplos. La empresa cuenta con más de doscientos trabajadores que dominan alrededor de veinte oficios de relojería y micromecánica. La organización de la empresa permite responder a necesidades muy variadas; la producción se ha dividido en dos flujos principales: el primero, de carácter industrial, se encarga de la fabricación de movimientos llamados «de base»; el segundo se dedica a los productos personalizados, aquellos que requieren un trato específico según el cliente al que estén destinados.

Vaucher Manufacture ha creado para La Montre Hermès un calibre mecánico de cuerda automático de base que ha dado lugar a dos movimientos de distinto tamaño: el H1837, que late en el reloj Dressage, y el H1912, que palpita en el Arceau. Estos dos movimientos, cadenciados a 4 Hz (28 800 alternancias por hora), incluyen 193 componentes y obtienen la energía de un barrilete doble que permite disponer de una reserva de marcha de 50 horas. Estas bases servirán para evoluciones futuras. La mayor par te del capital de Vaucher Manufacture pertenece a la Fundación de la familia Sandoz. En 2006, La Montre Hermès invirtió 25 millones de francos suizos y adquirió el 25 % de su capital en acciones.